Gamarra: Confecciones y Textiles en crisis



El pasado 17 de Junio la Universidad del Pacífico, Intelfin y el diario Gestión organizaron una mesa redonda donde convocaron a un grupo de empresarios, dirigentes gremiales y analistas para tratar en conjunto temas relacionados a la situación actual de los rubros textil y confecciones.

Como ya se sabe dentro del ámbito empresarial el sector confecciones y textil ha venido cayendo consecutivamente durante los últimos diez años, influenciado por la aparición de nuevos ejes industriales procedentes del oriente como China, India y Taiwan, la liberación comercial de la economía peruana en los años 90s, la regulación laboral peruana, la informalidad abrupta y descontrolada del sector y la dejadez e ineficiencia de los empresarios peruanos ante la competencia. Sin embargo, existen más factores que tenemos que relacionar, no solo basta con conocer la historia reciente de este sector duramente golpeado por el ambiente externo, sino también tenemos que conocer lo que hubo en el pasado y las malas decisiones que los gobernantes de la época tomaron en su momento. En parte lo que sucede hoy es el efecto de una cadena de hechos del pasado.



Para empezar, las primeras señales del nacimiento de una industria textil en el Perú se remontan al primer gobierno de Castilla donde no se tenía un norte o una proyección clara hacia lo que se quería llegar, los primeros que incursionaron en la industria fueron hacendados locales, sobrevivientes de la Guerra de la Independencia que importaban seda y maquinarias para la elaboración de textiles, ya por el año 1848 se comienzan a montar las primeras fábricas de textiles en Lima. Años después de la Guerra del Pacífico y el impulso de la inmigración oportuna de empresas europeas con una gran influencia de modelos y gestión administrativa europea, se comienza a forjar de pocos una élite que promoviera una industria más autónoma y nacional, importó muchísimo el urbanismo de la época aristocrática peruana donde se comenzó a formar a finales del siglo XIX pequeños grupos de inversión, conformados por familias en su mayoría. En 1911 el investigador puertoriqueño Don Fermín Tanguis propagó una semilla resiste al hongo del algodón, que se denominó "Especial", años más tarde se le cambió de nombre a "Tanguis" y desde 1918 ya se exportaba la semilla y la fibra era cotizada en bolsas tan importantes como la de Liverpool de Inglaterra. Por otro lado, Don Emilio Hilbck, luego de un exhaustivo trabajo de investigación, resolvió que la variedad PIMA, que se sembraba en el Este de Arizona en los Estados Unidos, era más conveniente para ser sembrada en condiciones semi-tropicales y desérticas como la de Piura, por ello viaja y la trae, continuando con su trabajo de mejoramiento de esta variedad hasta su muerte.

La ciudad de Lima, tenía una historia fabril enorme, que se remonta a finales del siglo XIX y a inicios del siglo XX, con textileras como Santa Catalina, San Jacinto, Compañías Unidas Vitarte y Victoria SA, El Progreso, La Bellota, El Inca, Los Andes, entre otras. Empresas que no solo fabricaban textiles o confecciones sino también moda, la misma que se exportaba y dinamizaba, eran un símbolo de investigación, tecnología y calidad en su momento; sin embargo, también eran sinónimo de explotación y trabajo arduo y sacrificado. Muchas han desaparecido, otras son menospreciadas por el distintivo cruel de su historia, no existe alguna ley o norma que las proteja por el valor histórico en la que se menoscaba una vida industrial peruana, solo quedan las máquinas, piezas, registros de producción de invaluable valor cultural y tecnológico, que ha quedado en el olvido por todos.

Esta triste historia, nos lleva a preguntarnos ¿Cuándo se quebró este crecimiento?




Durante los años 30, el gobierno frente a la coyuntura de convulsión social y política desatada por el APRA y el comunismo, combinada por una fuerte represión militar y un activo paternalismo asistencial como mecanismo para desmovilizar y contentar a los grupos populares, el presidente de la época Sánchez Cerro, hasta su asesinato en 1933, y la dictadura del General Benavides, propiciaron la construcción de viviendas para obreros en zonas industriales cercanas, en 1939 con la llegada de Manuel Prado, se dejan estos proyectos a la iniciativa privada. Ya por esos años, la migración del campo a la ciudad se estaba gestando, hasta que en 1945 nace el Mercado Mayorista y Minorista de Lima con terrenos cedidos por la familia Cánepa, este hecho crea un embrión comercial donde miles de familiar procedentes del interior del país llegaban junto a sus productos a este lugar se le denominó "La Parada" y es el emblema de las barriadas limeñas.

Para los 60s en el distrito de La Victoria comenzaron a proliferar talleres de confección y comercios textiles, impulsados por las primeras industrias textiles con varios años en la zona de origen judío y árabe, cinco años antes, la Municipalidad de ese distrito había dado carta libre a ambulantes para ocupar la zona de la Av. Aviación, con ello tiendas de reconocidas se instalaron en el lugar, sin embargo, La Victoria aún no era un lugar comercial, sino industrial. Uno de los principales ejes que hizo de Gamarra en si, sea un lugar comercial, fue la informalidad, que hacía que se abarataran los costos y los productos importados no puedan competir con ellos y el otro punto es que el mercado provinciano y la clase obrera que ocupaba esta zona estaba desatendido por la moda, teniendo en cuenta que este segmento no era para nada exigente con respecto a calidad, diseño y buscaban más que todo precio y funcionalidad en la ropa (básicos), lo que le dio al confeccionista provinciano en su mayoría, la flexibilidad para poder aprender sin haber tenido un estudio previo.



Para el año 1972, las regulaciones con respecto a la zonificación, que limitaba las construcción de gran nivel, se solucionaron. Para esa época ya había una cierta popularidad de Gamarra como eje comercial de prendas de vestir básica y económica, además un buen grupo de empresarios de procedencia provinciana con la capacitación y el perfil a futuro que ingresó al segmento inmobiliario, construyendo así de a pocos, lo que hoy por hoy conocemos como Gamarra, la misma que entró a la "Era de las Galerías".

Con la Reforma Industrial, por los años 1975, que gestó el ex presidente Juan Velasco Alvarado, se inició el quiebre de lo que hasta el momento se estaba manejando apropiadamente, esta reforma protegía de manera paternalista a los industriales peruanos, aumentando los aranceles y en otros casos prohibiendo las importaciones. Lo que generó en un primer momento una prosperidad falaz para los bolsillos de los dueños de estas empresas, pero que en un corto tiempo redujo indicadores de gestión como eficiencia, eficacia, productividad y satisfacción al cliente. En una tienda se encontraban prendas mal hechas, sin certificaciones, de mala calidad y todas estas eran de origen peruano, lo que llevó que para fines de los 80s el posicionamiento de la industria de la moda, textiles y confecciones cayera a niveles nunca antes vistos. La moda en el Perú desapareció por completo, luego del primer gobierno de Alan García, donde gran parte de la clase media peruana, acostumbrada a comprar productos de este giro, desapareciera casi por completo. Los que aún podían comprar ropa de calidad u orientada a la moda, la importaban o la traían en cada uno de sus viajes y era, y es hasta el día de hoy, símbolo de estatus y poder. Para los años 90s con el liberalismo económico, necesario por las condiciones caóticas en la economía nacional, finalmente se pudo reflejar lo que estaba pasando. 

En la última década la situación en Gamarra se ha empeorado, son otros los actores que juegan en contra de los costos en las empresas de confecciones, el mundo ha cambiado y la globalización es quien decide quién o quienes son los nuevos jugadores que influencian o no sobre las industrias. El oriente hoy por hoy, es la principal competencia de conglomerados comerciales de prendas de vestir y textiles como Gamarra, que venden prendas funcionales y económicas de producción nacional, que jamás podrán competir contra costos tan bajos como los de China, por citar solo un ejemplo. Su destino está trazado o cambian o desaparecen. Las cifras no mienten, la diferenciación, la calidad, la moda, la investigación, así como se hacía a fines del siglo XIX son algunas de las muchas maneras de cómo estos empresarios pueden salir de hoyo en donde poco a poco se están metiendo. El querer dar calidad + precios económicos por un producto meramente básico, no es una fórmula que les ha servido hasta ahora. La decisión está girar hacia lo que nadie pensaba y quizás la moda sea una de ellas. La fórmula de hoy es calidad + investigación + diferenciación + nicho de mercado + gestión empresarial profesionalizada + precios arriba del promedio = La nueva era de Gamarra.

El paternalismo y el proteccionismo del estado no hacen ningún bien a ninguna industria, lo único que hacen es tapar o encubrir una mala gestión. Si estos empresarios u organizaciones no cambian, no se adaptan, los mercados no lo van a hacerlo por ellos y tendrán el mismo destino que tuvieron aquellas fábricas de los años XX, que desaparecieron ante los cambios sociales de las distintas épocas, hoy olvidadas en el pasado. No repitamos la historia, tenemos una mano de obra increíble y una creatividad sin límites, la capacitación y una visión abierta a las nuevas costumbres y mercados es quizás una de las muchas soluciones.




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